Verde como pasto, ratas en mi pecho. 

Se escucha la nada, me preocupa bastante mi cabello, cada vez es más corto y se alborota cruel y sin peinar, si algo adora una mujer es su cabello, son largos o cortos, castaños o rubios, esa ligereza en la que vuela con aroma a moras frescas moldea cada rostro volviendolo a uno loco, pero no el mío.. sigo siendo torpe y no tengo tiempo de mirarme frente al espejo y llorar por lo seco que se ha vuelto. Como sea, se que es una tontería, me eh sentido agotadoramente desfavorable estos últimos meses, quisiera que las notas fuertes de Mozart elevaran mis palabras así como lleva entre ellas el roce de mi amarga noche.. Vuelvo a peinar mi cabello, detestable. Me preguntó ¿Porqué carajo no fuiste como los demás? Eres el pétalo olvidado retorciendo las orillas de lo muerta cada año. Pasa un minuto y me vuelvo para verte abrir tú libro favorito, pasa otro y ahí vas de nuevo pasando el cepillo mirando con tristeza la raíz de tú cabello. Perdón por abandonarte de ratos, se que debería dedicarte todos los días, pero es que mi doctor piensa que debería dormir en lugar de escribir hasta que mis dedos sangren y me vuelva más vieja rascando mi cabeza. Entiende que mi depresión se vuelve hiperactiva, que es peor que dejar de ver la Luna en la cochera de mi casa, peor que la hierba de mis bolsillos restringida por mi padre. Es una porquería, lo sé, no quiero los maullidos de el tonto gato de a lado por hoy, podría salir y destrozarlo con mis dientes, tampoco una ducha con agua tibia y espuma cubriendo mis piernas, me molesta el frío que hace ahí dentro, por ultimo queda mi cama, la miró con desagrado, hay una mancha color marrón imposible de ignorar y que seguramente es mía.. Toca el turno de Mahler, le pido un final perfecto, que los faros y vagones se combinen como tanto me gustan, sus susurros dentro de mi corazón abastecen su melodía. ¡No pares hijo de puta! El último trago de whisky cala hasta los huesos, elijo el rincón y el volúmen aumenta, un poco más melancólica de pie, un poco más de buenas noches. 

Tiro sin rumbo.

Siento mis dedos quemados, ensangrentados, con pausas, pienso en que será mejor ponerme a descansar.. pero si aquellos están fumando, bebiendo y cogiendo.. ¿Tú esperas a que la tristeza te tire de sueño? 

Red-dim Nights. 

Se bien que estarás pensando.. que vengo aquí a ponerme cómoda sin siquiera desviarme de lo fácil que es irme a la cama y dejar todo atrás. Veo muy de cerca la chimenea, no me incómoda sentir mi cara ardiendo y mis ojos hundidos.. tú sabes como me gustan, volar entre las llamas y luego desvanecerme de forma acantilada, sin rastro. Llevo puesto un suéter de colores horrendos que me dejo mi abuelo antes de partir, se fue como vagón sin direccion, paradas desconsoladas mientras yo iba de rehén, si me hundo profundo me dejo fluir, me entrelazo entre el desorden de mis pensamientos muertos y no me detengo hasta que las 12:00 pm me tumben de sueño con lo opaco que me fue tú ausencia. Pero no.. Caigo en cuenta al despertarme que nada equilibrara este miedo. Tengo que venir hasta el despacho de mi padre, que está cruzando la calle, un callejón donde a mitad de la noche el frío desciende mis piernas y aceleran el paso buscando ya de menos una silueta para invitarla un trago en su bañera. Ahí las charlas terminan como peleas de béisbol, me toman por la parte trasera como si estuviera a punto de salir huyendo, y luego me come por los labios, es de la única manera en la que cerrar mis ojos no se convierte en una infinita pesadilla de vida o muerte.

Más que solo cuerpo jugabamos a invocar el alma, tomarla fuerte como si temieras que el dejar de sentirme te dejará inmóvil y sin respiración, sacrificaba el desnudo cubierta en sabanas rojas que me volvían todavía más descontrolable, enloquecía sin pena, inocente eras mi primer amor.  Cuento con la dicha que para mantenerte a salvo, y un poco más seguro no te bastarían ni tres pasos para caer al lago profundo del que tanto me cuentas, pero aquí sigues, llorando por el tiempo debajo de mis piernas ligando todas mis partes rotas a punto de gemidos. Ignorando como todo mi ser te alimenta en onzas chupándome hasta los huesos; pues lo había entendido.. ninguno de los dos se necesitaba. 

El cuarto se lleno de vapor y en un instante ya te habías ido.. No había marcas en las paredes ni mucho menos toallas mojadas. En el lugar estaba sola, desnuda y quería comenzar por responderle a mi padre que apenas si veía parado en la puerta el porque se me había ocurrido salir de mi casa e inventarme otra historia donde siempre me olvidaban. Donde siempre la tristeza sentía que me adoraba. 

En una casita de acampar me quedé..

Me cuesta trabajo dormir. 

Me concentro en los ecos de mi refrigerador, acomodó una almohada bajo mis brazos flacos, y ahi voy de nuevo, de la manera más masoquista, volteando por última vez si algún reflejo sobre ti aparece cerca de mi ventana, agradezco que no sea asi y me hundo en un sueño. En ellos encuentro otra vida, esa en la que no me dejaste tumbada en este vacío, siempre más dulces que la realidad; Por ejemplo, la enfermedad de mi madre no tan dura, y sintiendola más cerca de mí que nunca aquella tarde recostada en su silla, mientras decía cuanto no pudo amarme mientras vivia, oh no.. corro por mis pastillas para dormir, pienso en que tal vez mi mente sólo deberia un día ir por ahi más tranquila, cantando junto con todos ustedes, sin pausas, tomada de la mano de algún amante, pero carezco de libertad. Y es cierto, supongamos que tengo permiso solo a esta hora despues de cada cena y  vengo aquí para soltarme hasta que pueda por fin descansar. Si no notará como me vigilan incluso cuando me visto pensarías que estoy bromeando. 

Notaras que hay una manera peculiar de hacer mencion sobre ti todo el tiempo. Dueles, pero hay una mejor manera de que te quedes y veas mi dolor, si llego a tú mente al menos dos veces al día pídeme que este invierno no me crucé en un: “Quedemonos hasta tarde encendiendo una fogata” o en el “Feliz frío romance del tercer aniversario cariño.” Porque amor mío, fue por mucho nuestra mejor época del año favorita. Buenas noches. 

Vodka y vamos a la ducha.

En un parpadeo.. mis mujeres preciosas con mirada de loca, vestidos brillantes y un escote que alborotaba mis huesos, entre todas ellas estaba mi Amanda, jugaba al espejo con su cabello alborotado como si pudiera equilibrar con apuro la tristeza y consolarlo por aquel color vino de sus labios. Parecía que nadie le quitaba los ojos de encima, como si una mancha de sangre en sus ropas fuera más común que lo que podía ser ella, pero aquellos sólo veían su cuerpo, su andar por las noches medio borracha y esa maniática sensualidad que te provocaba cuando masajeaba sus pantorrillas sonando Edith Piaf de fondo. Tan imposible que era no querer llevartela a la cama, presentársela a la Luna para que se alimentará de su belleza. Lo más cercano que estuve con ella fue cuando el verano pasado mi viejo amigo Tom la invito unos tragos cerca de Beijing, ella sabía algo que todos ahí sentados no, intimidaba inconscientemente. Tenía una mirada que prometia la eternidad en sus brazos, sonreía a mitad de cada palabra y se acurrucaba en los labios de Tom, los detestaba. Después de ese dia dejamos de verlos juntos por varios más. Dedicaba su vida al goce de si misma, la veía deserreglada comprando libros viejos cerca del centro y luego daba largas caminatas todos los domingos eligiendo un nuevo sitio para desayunar. Si lo sé, sonaba más como un tipo acosador que por Joe, el tierno muchacho que cuidaba de ella hacía varios metros de distancia. Aquél que le temía a lo inestable y vulnerable de sus ojos, cuando lloraba mi Amanda besaba sus hombros, como protegiendose de quien no era ella misma, de forma valiente volvía a tocar el espejo y me miraba detrás de él. “Te amo” susurraba mientras su vestido de seda caía sobre mis pies. Yo también la amaba.

Paro atoñal. 

Hoy no es esa noche en la que me quedo pensando en algún hombre sobre mi cama, no me acerco a la cocina por una copa de vino con la intención de sentirme sublime, no pretendo que estas letras lleguen a ojos tuyos y  que escuches estos gritos de amor que a duras penas logró escuchar yo.. Tampoco voy a aburrir con mi desagrado a lo desconocido y el fantachismo en el que vivimos. Estoy aquí a casi media noche, a punto de irme a dormir con unas cuantas ganas de charlar con alguien, de sentirme contenta y que alguien por fin pueda entender porque sigo aliada a esta soledad. Bajarme de un autobús y cruzar la calle nunca me pareció tan difícil hasta que vi sólo mi silueta en la dirección que yo quería. Me gustaba andar sola por la ciudad, era el único momento en que sabía que debía protegerme de todo a mi alrededor; Los vendedores con mirada de acosador, los niños jugando piedra, papel o tijera, el tipo de a lado viendo fotos antiguas con su pareja, y la mujer que grita al fondo hablando por teléfono, mientras todos la juzgan por tan mala manera de llamar la atención. Y ahí estoy yo.. Contando las paradas que faltaban para llegar a mi destino, ganándole al temor de que cuanto venga a este diario electrónico pueda sentirme un poco mejor. El pequeño experimento no sólo es mantenerme oculta bajo algunos meses, si no mirar como entre toda esta terrenosa niebla en la que trató de escapar mi cuerpo sutilmente detenga el dolor de mi niñez. Ahí sigue… La imagen de una pequeña con 12 años tirada en el piso de su habitación suplicando no ser llevada a ninguna terapia, mirando el techo desesperada por un final.. Bastante ilusa por cierto, no sabía que apenas comenzaba. Mi madre me sento a su lado y hablo ella primero. Yo en cambio me quedé en silencio toda la hora, la doctora me hacía preguntas pero soy de las que suelta una palabra y ahí va mi gran derroche en lágrimas que es imposible detener. No funcionó.

Me gustaría ir más deprisa y contarte que me cure, las notas musicales nunca me hicieron sentir más viva, me cubría en el closet por días enteros, apenas si comía. No se a que le temo pero si a quien le debo. Sólo a mí. Eventualmente iré escribiendo cada agujero negro que quiera golpearme. Llegaré a la página 95 y algunos nombres no estarán aquí. Me habré ido.

Tirita ruptura.

Luce hiriente y pasional al borde del sin fin.
Le hago el amor pero vuelve a dormir.
Su pecho es mi mejor cojín.

Porque entiende dulzura;
– Ven y cogemos.. Las copas del piso.
Dos o tres prendas veo tiradas al verte partir.

Siempre soy su puto deambulante comodín.